Se termina el escrutinio de las actas electorales y las garrafales negligentes incurridas por el ONPE y su bribón Piero Corbetto, certifican los desaciertos de los últimos gobernantes. Por ello, el 28 de julio el país conocerá a su noveno presidente en 10 años.
Poco importará para el proceso electoral las auditorías propuestas por el JNE y cualquier proceso judicial a tramitarse, en respuesta a deficiencias dolosas de la ONPE, porque al 98 % del escrutinio de las actas, los candidatos el 7 de junio serán Fujimori y Sánchez. Uno de ellos será el presidente número 84 de nuestros 206 años de vida republicana, casi siempre teñidos de gobernantes mediocres, codiciosos, racistas y alejados del amor a su pueblo.
Pero al margen de ello, el país requiere de cambios constitucionales y electorales profundos para enriquecer el trabajo congresal y los siguientes procesos electorales. Existen 2 caminos para logarlo: Que el nuevo Congreso responda al clamor del pueblo y apruebe los cambios; o, mediante un referéndum popular, según los artículos 2 y 31 de la Constitución.
Si bien la democracia no permite privarles del voto a los delincuentes y facinerosos, se puede legislar para que todos los candidatos sean ciudadanos exentos de condenas judiciales, con títulos universitarios y militancia activa mínima de 3 años en un partido político.
Las elecciones deberían efectuarse con un máximo previsto de partidos políticos que tengan existencia de 3 años previos a la fecha de convocatoria. Y si en primera vuelta ningún candidato presidencial obtiene el 40% de votos, la segunda vuelta debería hacerse con los 4 candidatos que lograron las mayores votaciones en primera vuelta.
Además, el ganador en segunda vuelta debería sumar un 10 % de diputados y senadores a su caudal electoral original, para fortalecer su presencia en el poder legislativo. Y debería prohibirse que los congresistas dejen su partido político bajo sanción de perder el curul.
Para mejorar el trabajo del Congreso debería prohibirse que diputados y senadores nombren a sus asistentes o consejeros. El Congreso, como institución, debería contratar a los profesionales más capaces y acrisolados del país, para apoyar el trabajo de los congresistas. Profesionales de carrera con impecable hoja de vida.
El tema de incrementar a 4 los candidatos con mayor votación para la segunda vuelta, lo recomienda la realidad. En el 2021 Pedro Castillo sólo recibió el 18.92 % del voto en primera vuelta y terminó de presidente. Este año, la señora Fujimori pasará a segunda vuelta con el 17.2 % de votos y Sánchez con el 12 %. Para mejorar las reglas democráticas, dejemos que el pueblo elija entre los 4 candidatos con mayor votación y no lo encasillemos.