Una simple frase fue clave para desenmascarar a Theodore Kaczynski, conocido como el “Unabomber”, quien durante casi 20 años sembró terror con paquetes explosivos enviados a universidades y aerolíneas. “No podés comerte la torta y seguir teniéndola”, escribió en su manifiesto, un detalle que permitió a su hermano reconocerlo.
El 3 de abril de 1996, tras una intensa búsqueda del FBI, fue capturado en una remota cabaña en Montana, donde vivía aislado y registraba sus crímenes.
El documento titulado “La sociedad industrial y su futuro” fue determinante en la investigación. En él, Kaczynski llamaba a una revolución contra el sistema tecnológico moderno. “La sociedad industrial obliga a las personas a alejarse de su comportamiento natural”, sostenía en el texto publicado por medios como The New York Times y The Washington Post.
Como antecedente, el FBI ya había perfilado al atacante como un hombre con alta inteligencia y formación académica, hipótesis que finalmente resultó correcta.
Antes de convertirse en uno de los criminales más buscados, Kaczynski fue un prodigio académico: ingresó a Harvard con 16 años, se doctoró en matemáticas y enseñó en la Universidad de Berkeley. Sin embargo, su historia también estuvo marcada por su participación en el controvertido proyecto MK Ultra, vinculado a experimentos de control mental.
Años después, abandonó la vida académica para aislarse en el bosque y desarrollar una ideología radical contra la tecnología.
Entre 1978 y 1995, el Unabomber envió 16 bombas que dejaron tres muertos y más de veinte heridos. Su último atentado en 1995 precipitó la publicación de su manifiesto y, con ello, su caída. Condenado a cadena perpetua, murió en 2023 en una prisión de Carolina del Norte, cerrando así uno de los casos más impactantes de terrorismo doméstico en la historia reciente de Estados Unidos.