Redactador por: Laura Cornejo
En el marco del Día de la Madre, surgen historias donde el amor trasciende cualquier dificultad, revelando la fuerza de mujeres que enfrentan desafíos constantes para sacar adelante a sus hijos.
Luz Marina, además de ser profesional, construyó su vida enfrentando retos constantes. Su historia está marcada por la fortaleza, disciplina y compromiso con su familia.
Hace más de tres décadas egresó como obstetra y abogada. Hoy, decide cerrar un nuevo ciclo académico en periodismo, una decisión que nace desde su rol como madre.
Su hijo Alexander fue diagnosticado con autismo a temprana edad. La noticia fue dura para sus padres, quienes enfrentaron incertidumbre sobre su desarrollo y futuro.
Cuando él no hablaba a los dos años, Luz Marina no esperó respuestas fáciles. Buscó especialistas, terapias y alternativas, asumiendo desde el inicio un rol activo en su desarrollo.
Su maternidad se construyó en la constancia. Acompañó cada avance, corrigió conductas y estableció límites, entendiendo que su labor no era solo cuidar, sino preparar a su hijo para el mundo.
Nunca lo trató como alguien diferente. Desde que era pequeño, apostó por formarlo bajo las mismas exigencias y normas que cualquier otro niño.
Con los años, Alexander avanzó académicamente hasta ingresar a la universidad, una etapa que no enfrentó solo, Luz Marina decidió acompañarlo, preparándose también para rendir el examen de admisión e ingresar junto a él.
Hoy, ambos cursan periodismo y comparten no solo aulas, también una rutina exigente. Tras sus prácticas en radio, se dirigen juntos al gimnasio, donde Alexander realiza ejercicios por una escoliosis incipiente.
En ese mismo espacio, Luz Marina también cumple con su tratamiento físico. Señala que tiene los meniscos rotos, y debe realizar ejercicios de manera constante.
Alexander también habla dos idiomas, toca piano, practica artes marciales y se desenvuelve como modelo, actividades que forman parte de un proceso terapéutico y de las cuales Luz Marina se siente orgullosa diciendo “cada logro que él logra, es una alegría para nosotros”.
Al reflexionar sobre su experiencia, Luz Marina enfatiza el rol de la familia en la formación de los hijos. Considera que la inclusión también depende del trabajo constante desde el hogar.
Su mensaje, dirigido a madres en situaciones similares y expresado entre lágrimas, resume su camino: “No es fácil, es un camino que nos ha tocado, ya no hay vuelta atrás. Tienen que ser valientes y querer mucho a su hijo”.
En el Día de la Madre, historias como esta evidencian que el amor no solo acompaña, también impulsa, corrige y construye, convirtiéndose en una fuerza capaz de transformar vidas con perseverancia y compromiso.