La ansiedad y la depresión se han convertido en los trastornos de salud mental más frecuentes en el Perú y en la región Arequipa. Además del impacto emocional que generan en quienes las padecen, estas enfermedades representan también una carga económica creciente para el país, tanto por los costos directos en atención médica como por las pérdidas en productividad.
El director del Centro de Salud Mental Simón Bolívar, Mauricio Benavente, advierte que el problema no solo radica en la prevalencia, sino en las consecuencias a largo plazo.
“Hay años de vida perdidos por estas enfermedades. La depresión y las adicciones son enfermedades crónicas que terminan siendo una carga enorme para la sociedad”, explica el también médico psiquiatra.
AÑOS DE VIDA Y PRODUCTIVIDAD. De acuerdo con el estudio de carga de enfermedad en Perú 2019, elaborado por el Ministerio de Salud del Perú, se estimaron más de 5.8 millones de años de vida saludables perdidos (Avisa) en el país. Esto equivale a 180.6 años por cada mil habitantes.
Las enfermedades no transmisibles concentraron el 70.7 % de estos años perdidos, dentro de los cuales los trastornos mentales ocupan un lugar significativo. En particular, entre los jóvenes y adultos de 14 a 44 años predominan la depresión, la dependencia del alcohol y la esquizofrenia.
IMPACTO ECONÓMICO. A nivel global, la Organización Mundial de la Salud estima que los trastornos mentales generan pérdidas de hasta un billón de dólares.
En el Perú, el impacto se refleja en múltiples dimensiones. Un trabajador con problemas de salud mental no solo puede ausentarse de su empleo para recibir atención médica, sino que, incluso cuando continúa trabajando, su rendimiento disminuye considerablemente.
“La eficiencia de un paciente con carga emocional negativa no será óptima. La atención y la concentración se alteran, y trabajar con ese ritmo no es posible”, dice la especialista Ada Cornejo.
TRATAR VERSUS PREVENIR. El acceso a tratamiento también evidencia una brecha económica. Una consulta privada puede superar los S/100, mientras que los medicamentos psiquiátricos implican un gasto constante. Fármacos como la sertralina o el citalopram pueden costar entre 4 y 6 soles por tableta. En promedio, un paciente podría gastar alrededor de 500 soles mensuales en medicación, cifra que puede duplicarse si requiere tratamientos con menos efectos secundarios.
Frente a ello, el Estado peruano destina recursos para brindar atención gratuita en establecimientos de salud y centros de salud mental comunitarios (terapias, medicamentos). Sin embargo, el gasto sigue siendo limitado: se invierten aproximadamente 6 dólares diarios per cápita en salud mental.
En opinión personal, coordinadora de salud mental de la Red de Salud Arequipa Caylloma, Edith Lima, considera que la salud mental muchas veces es un privilegio, porque no es de fácil acceso debido a los costos y a la limitada capacidad del Estado.
La falta de especialistas y de infraestructura adecuada continúa siendo uno de los principales obstáculos para garantizar una atención oportuna y de calidad.
LA PREVENCIÓN COMO MEJOR INVERSIÓN. Ante este panorama, especialistas coinciden en que la solución más efectiva es invertir en prevención.
La decana del Colegio de Psicólogos de Arequipa y Moquegua, Ruth Gallegos, sostiene que promover estilos de vida saludables es clave para reducir la incidencia de estos trastornos.
“Es importante hablar de salud mental desde la promoción, fomentando entornos libres de violencia y fortaleciendo la educación emocional, especialmente desde las escuelas”, enfatiza.