Más de 300 personas en situación de abandono y vulnerabilidad en Arequipa dependen directamente de los ingresos que generan las zonas azules, cuyo funcionamiento financia su alimentación, cuidado y atención diaria.
Detrás de cada espacio de estacionamiento regulado, hay una cadena de apoyo silenciosa. La recaudación obtenida por este servicio, con tarifas que oscilan entre S/1 y S/1.50, se ha convertido en el principal sustento para los albergados de la Sociedad de Beneficencia de Arequipa.
Lejos de tratarse solo de un sistema de orden vehicular, las zonas azules cumplen una función social clave. Estos recursos permiten cubrir necesidades básicas de adultos mayores, personas en abandono y ciudadanos en extrema vulnerabilidad que dependen de la asistencia permanente.
Según información de la institución, el servicio se mantiene operativo y ha registrado un incremento en su recaudación durante el periodo 2024–2025, lo que ha permitido fortalecer la atención de los beneficiarios.
Además, el sistema cuenta con personal debidamente identificado y se encuentra al día en sus pagos, garantizando un funcionamiento continuo. La administración de estas zonas está respaldada por normativa municipal vigente.
La Sociedad de Beneficencia de Arequipa no recibe financiamiento estatal, por lo que depende de estos ingresos para sostener su labor social. En ese contexto, el uso responsable de las zonas azules no solo contribuye al orden en la ciudad, sino también al bienestar de cientos de personas que no tienen otra red de apoyo.
La institución reiteró su llamado a la ciudadanía a respetar este servicio, cuyo impacto va más allá de lo visible y se traduce en ayuda concreta para quienes más lo necesitan.