Redacción: Mirian Leandres
Hay maternidades que se construyen lejos de lo perfecto y mucho más cerca de la resistencia cotidiana. La historia de Jeannette Elena Rojas Huanca de Riega, de 58 años, refleja precisamente eso: una vida marcada por el esfuerzo constante para sacar adelante a su hijo Jeanmarco, quien nació con parálisis cerebral infantil tras complicaciones durante el parto.
Trabajadora social y egresada de la Universidad Católica de Santa María, Jeannette lleva más de 35 años dedicada al servicio social. Actualmente trabaja en el Centro del Adulto Mayor La Victoria de EsSalud en Arequipa, aunque gran parte de su trayectoria profesional transcurrió en Juliaca. Sin embargo, asegura que el aprendizaje más importante de su vida ocurrió dentro de su hogar.
“Siempre quise ser mamá”, recuerda.
Su segunda maternidad llegó acompañada de dificultades médicas. “Tuve placenta previa y fueron momentos muy complicados”, relata. Las secuelas del parto dejaron a Jeanmarco con parálisis cerebral infantil, un diagnóstico que transformó la vida de toda la familia.
Desde entonces, las terapias, consultas médicas y cuidados especiales se volvieron parte de la rutina diaria. Aun así, Jeannette y su esposo decidieron enfocarse en cada avance de su hijo y no en las limitaciones.
“Hicimos todo lo humanamente posible para que él avanzara”, afirma.
La maternidad que vivió estuvo lejos de cualquier idealización. Su trabajo demandaba largas jornadas fuera de casa; sin embargo, buscó que cada momento junto a sus hijos tuviera valor.
“El poco tiempo que compartía con ellos trataba de que fuera tiempo de calidad”, cuenta.
Con el paso de los años, Jeanmarco comenzó a preguntarse por qué enfrentaba una condición distinta a la de otros jóvenes. Para Jeannette, esa etapa fue una de las más difíciles.
“No sabía cómo explicarle ciertas cosas”, admite.
Pese a ello, el vínculo entre ambos nunca se quebró. Madre e hijo aprendieron juntos a enfrentar frustraciones, miedos y momentos de tristeza.
“Muchas veces lloramos juntos”, recuerda.
Lejos de rendirse, Jeanmarco encontró su propio camino. Gracias a su disciplina y perseverancia logró ingresar a la universidad en su primer intento y convertirse en profesional de Ciencias de la Comunicación, un logro que llenó de orgullo a toda su familia.
Durante la pandemia incluso ayudó a su madre a adaptarse al trabajo virtual, enseñándole herramientas tecnológicas mientras él continuaba sus estudios.
“Ahí entendí cuánto había crecido”, comenta emocionada.
Jeannette también reconoce que debió renunciar ametas personales, como convertirse en docente universitaria. Sin embargo, nunca sintió que hubiese perdido algo.
“No me arrepiento. Lo volvería a hacer mil veces”, asegura.
Hoy, más allá de cualquier logro profesional, lo que más valora es la fortaleza e independencia que Jeanmarco construyó con el tiempo.
“Él me enseñó lo que es el amor más puro”, dice.
En este Día de la Madre, su historia recuerda que existen amores que no se explican desde la perfección, sino desde la capacidad de permanecer, acompañar y nunca dejar de luchar.